RACHA DE MUERTE VS ESTATALES NO CESA POR PARTE DEL CRIMEN ORGANIZADO

Por GABRIEL RODRIGUEZ

TECAMAC, Mex.- A un mes de la emboscada y masacre de 13 policías, 8 de la Secretaría de Seguridad de del Estado de México y 5 de la Policía de Investigación de la Fiscalía General de Justicia, que tuv lugar en la comunidad de Llano Grande, municipio de Coatepec de Harinas y cuya autoría fueron sicarios de la organización criminal denominada “La Familia Michoacana”, la racha de muerte contra elementos de la SSEM no cesa, luego que dos patrulleros de ésta institución, sostuvieron nutrido enfrentamiento a balazos con integrantes del crimen organizado, en el cual uno de los uniformados estatales murió, en tanto su compañero resultó herido.
Las primeras pesquisas emprendidas por agentes de la Policía de Investigación pertenecientes a la Fiscalía Regional de Tecámac, permitieron conocer que en la sede de esta institución se recibió una alerta, en el sentido que sobre la autopista México-Pachuca, kilómetro 34+100, a la altura de la colonia Villa del Real, municipio de Tecámac, se había suscitado un enfrentamiento con policías estatales.
En dicho lugar quedó muerto de varios disparos el elemento de la SSEM de nombre Juan Manuel Ruíz Vargas, en tanto su pareja identificado como Adrián Vital Espinoza, mismo que fue trasladado al hospital del Issemym de Ecatepec para su atención médica, su estado de salud fue reportado como grave, dado a que uno de los disparos le entró por la cabeza.
Los acontecimientos se derivaron del robo de una camioneta, tipo Voyager, color rojo que fue robada a las afueras del Issemym de Ectepec.
Por el robo de la Voyager, color rojo, se dio la alerta a todos los cuerpos policiacos.
Fueron los policías estatales Ruíz Vargas y Vital Espinoza que a bordo de la patrulla de la SSEM, dieron alcance a los ocupantes de la camioneta roja, en el kilómetro34+100 de la carretera México-Pachuca.
A esta camioneta roja se le sumó otra de color negra, de la cual varios de sus ocupantes abren fuego a quemarropa contra los policías estales. Consumado el mortífero ataque por el crimen organizado varios de los sicarios se dispusieron a robarles sus armas de fuego de cargo, una corta y una larga.
En la huida los pistoleros, para entonces habían dejado una estela de sangre, fuego y muerte y abandonada la camioneta roja en el lugar de los sucesos, hasta donde, poco después un mundo de policías de las diferentes corporaciones policiacas acudían, unos para montar su show y otros para salir en la foto, mientras los mata-policías se los había “tragado la tierra”.